CON EL FORTALECIMIENTO DEL FMI HAY CONSENSO PARA RATO
Autores: Daniela F. Heredia y Miguel Balbuena
En la última reunión del G-20, el Primer Ministro británico, Gordon Brown, afirmó que el Consenso de Washington y sus políticas han muerto. Sin embargo, los organismos que las sustentaron están más vivos que nunca. Con el fortalecimiento de los organismos internacionales de crédito, al Consenso de Washington se lo mantiene con respirador artificial. ¿Podremos los países latinoamericanos plantear una alternativa?

El día 2 de abril se inició en Londres la cumbre de las 20 potencias más importantes del planeta, el G-20, en ella se determinaron posiciones sobre las economías mundiales ante la crisis global. Puede señalarse especialmente, entre las decisiones que se han tomado, un apoyo irrestricto al sistema bancario de estos países, como así también la absorción de los llamados “activos tóxicos” por parte de los estados nacionales para así restaurar al sector financiero, sector en el cual se ha generado la crisis y que debe ser rescatado, según los principales dirigentes mundiales, por sufrir ahora las consecuencias de sus actos. Lo que diferencia a estas decisiones de lo que venía ocurriendo hasta entonces es que habrá una mayor regulación en el sector, en donde se creará un marco supervisor más fuerte para el futuro sector financiero, dada la clara falta de regulación que se venía dando, causal principal de la crisis.
Más allá de esto, cabe destacar, como una de las decisiones trascendentales tomadas en la cumbre del G-20, el apoyo de las potencias mundiales al más cuestionado de los organismos internacionales de crédito, el Fondo Monetario Internacional. El refuerzo de 850.000 millones de dólares establecido durante la reunión será destinado mayoritariamente a dicho organismo, promotor central de las políticas de ajuste estructural en Latinoamérica.

Según el último “Informe Sobre Estabilidad Financiera Mundial” emitido por el FMI el día 21 de Abril “…la principal prioridad en materia de políticas para garantizar una recuperación económica perdurable es el restablecimiento de la salud del sector financiero”. A su vez, se plantean como prioridades “…garantizar que las instituciones financieras tengan acceso a la liquidez; identificar los activos problemáticos y resolver su situación; recapitalizar las instituciones débiles pero viables; y resolver la situación de las instituciones quebradas”. Es sorprendente esta nueva postura del “Fondo”, organismo manipulador y extorsionador, promotor de las recetas neoliberales que llevaron al desmantelamiento de los Estados nacionales en América Latina. Ahora la nueva receta es, paradójicamente, la intervención estatal en el sistema financiero. Según el organismo “la única manera de evitar un colapso mayor, es que haya una decidida intervención de los gobiernos para salvar a los bancos, ya sea con inyecciones de capital o incluso nacionalizándolos”.
Esta aparente nueva actitud del FMI es incompresible, teniendo en cuenta que hace no más de siete años, durante la crisis local del 2002, el organismo sugería dejar caer los bancos locales (típica receta ortodoxa de dejar que sobrevivan supuestamente sólo los más eficientes) y crear una banca off-shore con operadores extranjeros que garanticen la transparencia en el sector. Pero claro, aquella situación era mucho más distinta que la actual ya que con el corralito sólo se veían afectados a los pequeños ahorristas, gente trabajadora clase media, quienes tuvieron que recibir títulos públicos en lugar de sus ahorros, no así los grandes especuladores quienes pudieron fugar sus capitales justo a tiempo. En aquel momento la simple idea de nacionalizar la banca era algo subversivo.
Sin embargo, no todo es lo que parece, y la supuesta muerte no es tal, es así como el Fondo Monetario plantea que “la toma de control provisoria del estado puede ser necesaria en algunos casos, pero sólo con la intención de reestructurar la institución para hacerla regresar al sector privado lo más rápido posible”. “No recomendamos el control del Estado, pero puede existir circunstancias en donde es efectivamente la manera más eficaz de estabilizar las instituciones”.
Dadas las conclusiones del G-20 y el último informe del Fondo, se pone de manifiesto nuevamente que las reglas no han cambiado del todo para los que hemos sentido en la piel las políticas del FMI. Las reglas siempre serán garantizar las ganancias de los sectores concentrados de la economía, y esto se ve de manifiesto al pretender dejar a los sectores privados dichas ganancias mientras que las pérdidas deben ser absorbidas por los Estados Nacionales y sus pueblos. ¿Acaso no murió el Consenso de Washington? Con el mencionado refuerzo de fondos, el FMI implementará la distribución de ayuda financiera a los países amigos de EEUU, o sea, todo aquél que acuerde con los intereses de la mayor potencia.
Larry Summers, jefe de asesores económicos de Obama, afirmó que “sólo podrán acceder a las nuevas líneas de crédito del FMI aquellos que tengan los Fundamentals (los cimientos económicos) fuertes y cuyos problemas derivan del temblor global más que de decisiones locales”. Por su parte, Timothy Geithner, secretario del tesoro norteamericano, en su informe enviado al congreso dice, en su capítulo sobre la Argentina, que “la crisis ha contribuido a la incertidumbre política, exacerbando las vulnerabilidades económicas preexistentes y acicateando la fuga del capital”. Para este alto funcionario de Washington “el problema de la Argentina no es sólo la crisis global, sino las medidas que está implementando el gobierno” e interpreta que el denominado “conflicto con el campo” contribuyó a generar incertidumbre con respecto al crecimiento económico de nuestro país.
Éstas son las declaraciones que hacen que las orientaciones que tienen los organismos internacionales de crédito sigan teniendo las mismas actitudes de hostilizar a los gobiernos que, cómo decíamos anteriormente, no concuerdan con los intereses de la Casa Blanca. De la misa manera funcionan con el Banco Mundial y el BID. Este último organismo todavía no se ha expedido ante los pedidos de ayuda de 1.500 millones de dólares que se han propuesto en lo últimos días por parte de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Siguiendo la línea de pensamiento del Comandante Fidel Castro en declaraciones dadas a la prensa, Estados Unidos podría utilizar el poder de veto que posee en el FMI para tratar de seguir imponiendo políticas económicas impopulares que sólo buscan el beneficio del país del norte sobre los países periféricos. Obama no parece tener la fuerte intención de modificar esa realidad, a vista de los nombres de algunos de los economistas que lo rodean.
Entonces, ¿Cómo lograremos los países latinoamericanos, frente a este nuevo escenario internacional, fortalecernos sin ingerencias que tengan como objeto desandar el camino realizado entre los países que apuestan a la unificación en materia política y económica para el mejor desarrollo de su pueblo? Éste sería un buen momento para discutir sobre la profundización de la unificación económica, ya no tanto comercial como se viene dando con el MERCOSUR, sino también financiera, para fortalecer los créditos destinados al desarrollo de sus pueblos. Aprovechar las nuevas recomendaciones emitidas en el informe del FMI, que vienen en línea con lo estipulado por el G20, de estatizar la banca en conflicto para desarrollar un sistema financiero estatal del conjunto de los países latinoamericanos, esto sin seguir la sugerencia de devolver al sector privado la banca que ha sido saneada por el estado.
Definir una política de ayuda económica centralizada, a través del Banco del Sur, sería una posibilidad y un desafío muy importante para confrontar con los organismos internacionales de crédito que tienen sustento en los países centrales. Estos últimos han demostrado su fracaso al no poder predecir los efectos de la crisis financiera global y han sido humillados al no poder evitar la catástrofe que enfrentamos en estos momentos. A través de un organismo financiero local se podría visualizar con mayor facilidad las dificultades y problemáticas que enfrentan los países integrantes del bloque latinoamericano, dada su historia malaventurada con los organismos internacionales existentes, que nunca coinciden con los intereses de los países con economías menos desarrolladas.
Es paradójica la decisión de uno de los países líderes del MERCOSUR, como ser Brasil, de priorizar un posicionamiento dentro del desgastado FMI, al otorgar 4500 millones de dólares a dicho organismo para que éste lo destine a préstamos a ser otorgados con condicionamientos como acostumbra hacerlo. Claro que esto se realiza con el planteo de favorecer a los países más pobres, sin embargo es difícil de pensar que esto fuese a ocurrir dándole la decisión a este mismo organismo. ¿Acaso no hubiese sido más productivo otorgar esos fondos de manera más directa dentro del marco del bloque de países latinoamericanos? Éstas son las cuestiones difíciles de asimilar a sabiendas de la necesidad que impera en nuestro continente de lograr la unificación a nivel financiero para la sustentación del desarrollo de nuestras economías. Todavía quedan deudas pendientes que saldar con respecto a las desigualdades de los países latinoamericanos, y esos fondos serían útiles para encausar a aquellos en las sendas del desarrollo, que lleve a la igualdad a través de la solidaridad dentro de nuestro continente.
Tanto Venezuela como la Argentina dieron pasos importantes hacia la conformación del Banco del Sur. Pero difícilmente esto se concrete o se haga realidad si continúan las disputas internas que llevaron a Brasil a dilatar la integración de Venezuela al MERCOSUR en su momento, y continua al apostar al objetivo de posicionarse como potencia dentro del G-20 descuidando el fortalecimiento del propio continente. Es preciso replantearse la necesidad de consolidar al bloque latinoamericano, a través de la creación del Banco del Sur, reforzar las acciones de UNASUR y visualizar la factibilidad de poseer una Moneda Única Latinoamericana, ya que la integración comercial a través del MERCOSUR está planteada, con sus aciertos y defectos.
Se hace necesario, entonces, pensar en políticas que surjan de los propios latinoamericanos, para así garantizar la igualdad, equidad y la justicia social. De no producirse la salida en conjunto, los países de América Latina seguiremos dependiendo de la gracia de Washington y de los organismos que velan por sus intereses, hipotecando el futuro de nuestros pueblos.
22 de abril de 2009













